Página 5 - Revista Entertainment 214

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El éxito, a veces, es un pecado y el reconocimiento, a
menudo, se convierte en condena. Algunos lo llaman
el precio de la fama, pero en realidad se trata de una
patología más reveladora de la naturaleza humana.
Este es el concepto principal de El ciudadano ilustre,
nuevo film de Gastón Duprat y Mariano Cohn, los
realizadores de aquella desconcertante comedia negra
El hombre de al lado (2009) que expuso una psicopatía
urbana sumergida en las aguas del absurdo.
El ciudadano ilustre al que alude el título del film se
llama Daniel Mantovani, escritor argentino de renombre
que vive en Barcelona. Un narrador solitario de
temperamento rebelde, no muy optimista con
respecto al mundo que vivimos, a quien le informan
que acaba de ganar el Nobel de Literatura. Desde ese
momento comienza a recibir las invitaciones más
diversas de todo el mundo, que rechaza sin pensar. No
le gusta la fama. Pero entre las invitaciones una le
llama la atención: la de las autoridades de Salas, su
pequeño pueblo natal, que lo quieren homenajear.
Aunque dice que lo único que ha hecho en su vida ha
sido escapar de ese miserable pueblo, Mantovani cree
que esa es la oportunidad de superar un bloqueo
creativo y decide aceptar. Aquí comienza el infierno
para un creador exitoso.
A partir de ese punto, el film se estructura en cinco
capítulos, que describen las desventuras de
Mantovani en Salas, recibido con la máxima distinción
del pueblo y los homenajes del alcalde peronista, los
bomberos, la reina de belleza, la televisión local, la
Sociedad de Fomento y otras ‘fuerzas vivas’ del
pueblo. No pasa mucho antes de que algunas de esas
fuerzas se rebelen contra la celebridad.
Con un implacable humor negro, Cohn y Deprat
hilvanan una historia que subraya los aspectos más
grotescos de la naturaleza humana, los mismos que
convierten la realidad en algo patético. En este caso
hacen una disección quirúrgica del abominable
espíritu de la envidia provinciana de los
latinoamericanos. No sabemos respetar el éxito
ajeno, y menos cuando alguien evidencia con sus
triunfos nuestras propias mediocridades. Si no es
fácil alcanzar el éxito, los recelos y la envidia
comienzan a ejercer su influencia. Y, además,
evidencian la intolerancia. Mantovani no es un tipo
simpático pero es honesto. Los directores juegan a la
contraposición entre un hombre atormentado por sus
propias creaciones o por un período de sequía
literaria, por un lado, y las vidas mediocres de quienes
no pudieron —o no quisieron— oponerse a los
convencionalismos ni a los miedos íntimos o las
ambiciones frustradas, por el otro.
Las labores del elenco son superlativas, tanto del
excelente Oscar Martínez —mejor actor en el Festival
de Venecia— que da vida a Mantovani, como las de
Dady Brieva, Andrea Frigerio y Manuel Vicente, todos
en sintonía con el tono del film marcado por la ironía
y el desencanto.
Es una obra que divierte con su humor pero que
también preocupa con su visión pesimista de la vida.
La dupla de Cohn y Duprat trabaja a conciencia de
las limitaciones y bajezas de los seres humanos,
aunque a ratos brinda momentos de esperanza.
Bueno, la vida es así.
Alfonso Molina
EL CIUDADANO ILUSTRE,
ARGENTINA Y ESPAÑA, 2016.
DIRECCIÓN Y FOTOGRAFÍA:
MARIANO COHN Y
GASTÓN DUPRAT.
GUION:
ANDRÉS DUPRAT.
PRODUCCIÓN:
FERNANDO SOKOLOWICZ, VICTORIA
AIZENSTAT, EDUARDO ESCUDERO.
MÚSICA:
TONI M. MIR. MONTAJE JERÓNIMO CARRANZA.
ELENCO:
OSCAR MARTÍNEZ, DADY BRIEVA,
ANDREA FRIGERIO, NORA NAVAS,
MANUEL VICENTE, ENTRE OTROS.
Pueblo Pequeño,
Infierno Grande
PELÍCULA DEL MES
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